FERNÁNDEZ.
Rocío (S.F) nos explica que el
envejecimiento es un proceso que ocurre a lo largo de toda la vida y no solo en
la última etapa de la edad adulta así como lo entendemos por lo general, además nos expone el concepto de envejecimiento actuarial dado por Hayflick (1994) quien lo define como «la suma de los
cambios biológicos o pérdidas funcionales que incrementan la probabilidad de
muerte». En otras palabras, la edad lleva consigo una mayor vulnerabilidad a la
enfermedad y, por tanto, cualquier característica negativa a lo largo del
proceso de envejecer puede ser entendida como una consecuencia de la edad
cuando, en realidad, pudiera serlo de la enfermedad sobrevenida y ser producto
del envejecimiento secundario (Pankow y Solotorov, 2007).
Hay que resaltar que,
una vez alcanzado el máximo desarrollo biológico (hacia los veinte años de
edad cronológica) al mismo tiempo que nuestros sistemas biológicos se tornan
menos eficientes, se produce un declive de nuestras características físicas
—desde luego, a una tasa distinta dependiendo de cada función, de su ejercicio
y del momento distinto del proceso de la edad— pero no son, necesariamente,
debidas a la enfermedad. Así, por ejemplo, menor elasticidad cutánea, menor
fuerza muscular, tiempos de reacción más prolongados, menor agudeza visual y
auditiva son características propias del proceso de envejecimiento, siendo
todas ellas producto de la edad, por lo que forman parte del proceso de
envejecimiento primario.
Pero hemos señalado que el
envejecimiento es un fenómeno multidimensional bio-psico-social y, por
tanto, cabe preguntarse si el envejecimiento biológico, al que nos hemos
venido refiriendo como un lento proceso de declive en una serie de
características físicas, ocurre paralelamente e isomórficamente a un declive en
el funcionamiento psicosocial del individuo. En parte, el envejecimiento
biofísico es la base del envejecimiento psico-social y, por tanto, éste
transcurre paralelamente a aquél. Por ejemplo, el funcionamiento cognitivo
fluido que evaluamos mediante pruebas de coordinación viso-motriz o memoria de
trabajo, cursa en estrecho paralelismo al funcionamiento neurobiológico. Sin
embargo, el funcionamiento de la personalidad, de la afectividad o de las
relaciones interpersonales no presenta ese mismo perfil e, incluso, puede
presentar tendencias de cambio positivo asociadas a la edad.
Además el
cuerpo humano sufre algunos cambios los cuales son transcendentales en esta
etapa; algunas características en las cuales
se refleja el envejecimiento es la gordura en ciertas regiones del cuerpo como el vientre y cadera.
También la piel empieza a perder la hidratación y elasticidad, inicia la aparición de las arrugas. Así mismo, deterioro
dental, los
cabellos se encanecen y se hacen escasos. A esto se le suman la perdida de las funciones oculares y
auditivas, el incremento de la fatigabilidad muscular, reducción de las
funciones motoras y fisiológicas y por último un cambio en la velocidad de
respuesta adaptativa a ciertos estímulos como los sexuales.
Para profundizar sobre
este tema puedes visitar estas referencias:
FERNÁNDEZ. Rocío
(S.F) LIMITACIONES Y POSIBILIDADES DE LA
EDAD Cap. 3. Universidad Autónoma de Madrid
Catedrática Emérita pp. 104-148 tomado de: http://www.imsersomayores.csic.es/documentos/documentos/libroblanco-envejecimientoactivo/imserso-libroblancoenvejecimientoactivo-capitulo03-01.pdf
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